IDENTIDAD MANABITA

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Manta, 1500 años de vida histórica y la racionalidad (razón de ser) de la identidad cultural manabita

IDENTIDAD CULTURAL MANABITA

La historia ecuatoriana que se enseña a niños y jóvenes no refleja el “aquí y ahora” de la realidad ecuatoriana. Se ha enseñado sólo la historia de Los Andes. Se ha ocultado o se desconoce la historia de la costa ecuatoriana, cuya primera cultura, Valdivia, es, a no dudarlo, la primera de las culturas humanas indígenas en la América Latina.

La identidad es una manera de ser, de sentir e interpretar al mundo. Es un legado que recibimos. Es una construcción social, algo vivo y por tanto, cambiante. La identidad de manabita es una construcción horizontal en la que participan todos los actores sociales, por tanto es mucho más sólida porque no es impuesta desde arriba y se ha fortalecido por la ausencia de diferencias sociales. Es fluida, creativa y cambiante manifestándose de muy diversas maneras como en la comida, los mitos y relatos campesinos, versos populares o amor fino, en la hospitalidad e incluso en la casa campesina que es muy estética, rodeada de jardines donde destacan el color y el perfume de las flores.

Entre las condiciones estructurales que forjan la identidad manabita, estoy citando a los primeros habitantes de la región, pueblos marineros y comerciantes que, desde el Período Formativo, estuvieron en contacto con otras culturas.

Este interculturalidad enriquece la identidad manabita que se refleja en la mentalidad libre y abierta que es patrimonio del modo de ser del manabita. El intercambio comercial, el uso de moneda hizo que se insertaran sin dificultades en la nueva sociedad. Es importante destacar que los incas no conquistaron a los pueblos de lo que es hoy Manabí.

La conquista fue violenta en Manabí. Pedro de Alvarado destrozó todo buscando esmeraldas y las enfermedades que trajo el conquistador fueron catastróficas diezmando a la población nativa.

Cito a Carmen Dueñas de Anhalzer, la “Historiógrafa de Manabí. Sus referencias ubican al cacique Baltasar Samán de Charapotó quien reúne a 100 indígenas de su comunidad para defender a Manta de los piratas ingleses. Así lo hace saber al rey y viaja a Madrid para pedir el nombramiento de Gobernador de los indígenas de Manabí.



Esta referencia revela una de las características del modo de ser de los manabitas: la solidaridad, la interrelación. No es difícil comprender, entonces, la conformación de la Liga de Mercaderes que la Confederación Manteña estructura para mantener y ampliar sus relaciones comerciales.

Años más tarde aparecerá Juan Seguiche, indígena de Jipijapa, quien también llega a España para pedir protección al Rey y posteriormente el Cacique Manuel Inocencio Parrales y Guale quien obtiene el reconocimiento del derecho de propiedad sobre la tierra que habitan los indígenas de sus comunidades.

Durante la Colonia fuimos una sociedad de fronteras, como el oeste norteamericano, sin autoridad ni ley. Esto nos hizo autónomos, individualistas. No quieren pagar tributos, no le hacen caso a las autoridades y los nativos no quieren serlo, son rebeldes y poco acostumbrados a someterse. Los habitantes no tienen quienes los ampare y refuerzan su identidad generándose tónicas culturales y de actitudes que se perciben en los montoneros que, al primer llamado de Alfaro para defender la libertad, acuden presurosos para entregar sus luchas e incluso sus vidas.

Los indígenas de Jipijapa y Montecristi hablan de patria e intercambian sus productos mientras otros indígenas de los Andes están sometidos a los mitimaes y obrajes.


La Provincia

Como provincia, Manabí se crea el 25 de junio de 1824 al promulgarse la primera Ley de División Territorial de la Gran Colombia que divide a estos territorios del sur en tres departamentos: Ecuador, Cuenca y Guayaquil. El Departamento de Guayaquil comprende las provincias de Guayaquil y Manabí. Manabí tiene tres cantones: Jipijapa, Montecristi y Portoviejo.

El Art. 21 de la referida Ley dice: "La nueva provincia de Manabí del Departamento de Guayaquil ocupa la parte del territorio de Esmeraldas, que por la costa se extiende desde el río Colonche hasta Atacames, inclusive. En el interior tendrá por límites los que han separado la provincia de Quito de esta parte de la de Esmeraldas". En consecuencia, forman parte del territorio de Manabí, Atacames y Santo Domingo de los Colorados.

Al separarse de la Gran Colombia y constituirse en mayo 13 de 1830 como República de Ecuador, la región de Manabí pasa a formar parte como una de las siete provincias que componían los tres departamentos. El Departamento de Ecuador comenzó a llamarse Departamento de Quito porque, desde esa fecha, Ecuador, es el nombre del Estado cuyo territorio se lo conoce como Real Audiencia de Quito.

¿Por qué desde Bogotá se la llama Manabí?. El nombre de las otras provincias se identifica con algún accidente geográfico: río, monte, o con alguna ciudad. ¿Por qué no se llamó Provincia de Portoviejo?.

Mi conclusión es muy simple. El nombre de Manabí ya existe, tiene vigencia, identifica a la región desde tiempos precolombinos. Una voz o dos voces que se van reconfigurando con el paso del tiempo, como Cancebí a Manabí o Mana y Phi como algunos sostienen.

La nueva provincia, en consecuencia, asume el nombre que identifica a sus habitantes, con el que se identifica a su región, como otros se identifican con el río Guayas, el monte Chimborazo, el Volcán Pichincha, el monte Imbabura.

El nombre de Manabí se inserta en el nombre de la Provincia, su identidad regional, su identidad socio cultural, su identidad etnográfica, tiene ahora reconocimiento político: Provincia de Manabí.

En la Asamblea Constituyente de 1835 se elimina el departamentalismo y se establece el provincialismo como régimen político administrativo. La provincia de Manabí se independiza de Guayaquil de la que dependía administrativamente.

Hasta fines del siglo XX, 1969, en que surge con fuerza la idea de “provincia autónoma” el territorio de Manabí está constituido por 18.878 Km2, ubicado en el centro del litoral ecuatoriano, con 350 Km de playas con el Océano Pacífico. Limita con Esmeraldas al norte, Guayas al sur, Pichincha y Guayas al este. Atravesada por la línea equinoccial, su territorio se localiza entre las siguientes coordenadas: 0°25' Latitud Norte hasta 1°57' Latitud Sur; y entre 79°24' Longitud Este y 80°55' Longitud Oeste.

Entre sus puntos extremos de norte a sur hay 230 Km; de oeste a este hay 80 Km.. Constituye el 7% del territorio ecuatoriano y el 30% del litoral. La extensión de sus costas comprende 350 Km de playas y representan el 32% del total del perfil costanero.

Su relieve es bajo, formado por los declives del ramal occidental de la Cordillera de Los Andes desde donde se desprenden vertientes que forman algunos ríos que dan lugar a cuencas aprovechadas para represas y embalses de agua para las temporadas de sequía. Su cordón montañoso lo integran las Cordilleras de Chongón y Colonche que luego se unen a la de Puca y Balzar, Jama y Coaque. El Cerro de Hojas y Montecristi son sus máximas elevaciones a 400 metros sobre el nivel del mar.

Su actividad económica mayor es la agricultura junto a la explotación camaronera y pesquera. El turismo, el puerto de transferencia internacional de Manta, el aeropuerto internacional con carácter regional asentado en Manta y la vía intermodal Manabí – Manaos, abren grandes expectativas. Su industria está en crecimiento.

En este marco geográfico habita el "manabita" que, a la llegada de los españoles, como Confederación Manteña y cultura Jama - Coaque suman cerca de un millón de pobladores cuyos centros más habitados fueron los de Manta, Picoazá y Charapotó, según Viliulfo Cedeño en su obra "La Confederación Manteña".

Para 1.780, la población manabita era de 7.699 habitantes. En 1.858, la habitaban 30.208. Para el Censo Nacional de 1990, en Manabí se contabilizan 1'031.927 habitantes que la ubican como la tercera más poblada del territorio ecuatoriano. Para el VI Censo de Población y Vivienda, el 25 de noviembre de 2001, la población supera el millón doscientos mil habitantes. De los 3 cantones iniciales, ahora Manabí tiene 22.

El "manabita". ¿Es un hombre que se identifica como habitante de la región provincial?.

Lo “manabita”. ¿Es sólo un decir o es un sentir como elemento subjetivo presente en todas las actividades humanas del habitante de esta región provincial?.

El “manabitismo”. ¿Es un hecho objetivo que ha venido fraguándose a lo largo de los tiempos para constituirse en una identidad cultural que permite una unidad político administrativa?.

El manabita, lo manabita, el manabitismo es una identidad colectiva, resultado de un proceso subjetivo a lo largo de la vida regional y provincial, es un hecho objetivo que deviene del propio modo de ser del manabita, hecho socio cultural que surge en la prehistoria latinoamericana al identificarse a esta región como Cance-bí o "Mana-Pi" derivándose el vocablo "Pí" en "Bi" para identificarla como MANABI.

Es la identidad regional socio-geopolítica, reconocida por el Gobierno Grancolombiano para designar a la naciente provincia con el nombre de Manabí.


La identidad:

Dos grandes enfoques deben considerarse en el análisis de la identidad de grupos humanos. Uno referente a la antropología cultural que lo aborda como un proceso subjetivo. Otro, referente a la filosofía latinoamericana que la concibe como un hecho objetivo.

A estos dos enfoques sustentados por el escritor y sociólogo Manuel Espinoza Apolo, en su tan comentada obra "Los mestizos ecuatorianos", deben agregarse los antecedentes históricos de la región y la confrontación analítica de la realidad actual para responder al objetivo propuesto y demostrar que “el manabita”, “lo manabita” y “el manabitismo” constituyen una identidad regional, cultural, étnica y política.

La identidad como proceso subjetivo:

Como proceso subjetivo, la identidad del manabita es una realidad que se transporta del "yo personal" al "yo colectivo". Este desplazamiento se ha ido elaborando a lo largo del tiempo y es hoy una identidad social muy fuerte y arraigada que lo distingue de cualquier otro habitante de las restantes provincias del Ecuador.

Recogemos las palabras del historiador, Dr. Wilfrido Loor Moreira: "La provincia entra tan hondamente en Manabí que el nativo de ella cuando sale de su tierra indica su procedencia con el simple calificativo de manabita, sin indicar si es de Portoviejo, Manta, Chone, etc., como suele ocurrir en la sierra u otros lugares de la costa, y por esto en ciertos pueblos del Guayas o de Los Ríos dan al manabita el mote de provinciano, como si en Ecuador sólo Manabí fuese provincia".

El peyorativo de "manabita", "provinciano", "montubio" o “cholo” con el que se pretendía denigrar al habitante de esta región fue, paulatinamente transformándose, de debilidad en fortaleza, y es hoy una identidad plena al llamarse "manabita". Es decir, de un estado de ánimo, de un sentimiento del "yo", se fue transformando en un símbolo de identidad personal, en una conciencia sociocultural, en una experiencia comunicativa, encontrándose donde se encontrara. Es un autoreconocimiento del "ser" y del "deber ser" habitante de Manabí.

El "Yo personal" es hoy un "Yo grupal". Es una identidad colectiva de cuantos viven en la provincia de Manabí, región geopolítica plenamente diferenciada del resto de las provincias de Ecuador.

Esta identidad regional podemos definirla como conciencia compartida de los habitantes de Manabí, una conciencia de pertenencia a una comunidad regional específica, resultado de un largo proceso que se inicia en la prehistoria latinoamericana, se condiciona durante la conquista, se refuerza durante la colonia, se vigoriza durante las luchas de la independencia, se traslade durante la República del siglo XIX como revolución alfarista, para convertirse hoy, parafraseando a Marx en una "ideología manabita" desarrollada sobre la territorialidad y la etnicidad.

La identidad como proceso objetivo:

Esta identidad cultural constituida en identidad social, implica una "toma de conciencia" del ser y deber ser manabita. Estamos ante un "hecho objetivo" y demostrable.

La filosofía latinoamericana considera como “hecho objetivo” lo relacionado con el modo propio del ser. En el caso de la identidad étnico-cultural del manabita este “hecho objetivo”, este modo propio de ser es tan maravillosamente real y objetivo que toda actividad humana del manabita tiene este rasgo que lo individualiza como persona y lo distingue como colectividad.

El filósofo uruguayo Mario Sambarino sustenta que la identidad de la cultura latinoamericana, -de la que forma parte el manabita-, es una “identidad que implica una objetividad y una objetivación singular e irrepetible, por lo que se vincula directamente con el problema de la unicidad o especificidad.”

El manabita tiene su propio modo de ser:

• Una relación profunda con la naturaleza que se expresa en su amor por la tierra, las plantas, las flores, los animales. Se percibe, incluso en las migraciones, dado que el campesino manabita cuando emigra busca el campo y ejerce allí su arraigo nativo trabajando la tierra con el mismo ímpetu de su montuvismo manabita.

• Una relación solidaria con los demás, condición que siente y vive en todas las instancias de su vida: familia, fiestas, juegos, vecinos. En el manabita migrante es notoria esta actitud que, en el entorno local se subyace en lo cotidiano.

• Un estado de ánimo positivo frente a la adversidad que enfrenta con altivez. Si por alguna circunstancia se deprime, su propio modo de ser lo supera inmediatamente. Lo ha demostrado en los grandes desastres que ha sufrido: largas y prolongadas sequías que lo obligan a emigrar; el fenómeno de El Niño con sus terribles efectos de torrenciales lluvias, inundaciones, destrucción de campos, casas, sembríos, deslizamientos de montañas y muertes de personas y animales; terremotos como los de Bahía, Jama, Canoa, etc.

• Una cultura muy "a lo manabita" donde la hospitalidad es símbolo y la generosidad es patrimonio del manabitismo. Algunos han llegado a confundir estos valores humanos con sumisión.

• Honesto y por correlación amante de la paz, trabajador y libre, cualidades implícitas en su naturaleza humana aprehendidas del entorno campesino – costero y familiar.

• Al considerarse libre ha configurado un alto concepto de su dignidad personal que vincula estrechamente con su terruño desde donde converge su “querencia” por la tierra y la familia donde la madre y luego la mujer ocupan un lugar preferencial.

• Pero, por oposición, sus tragedias son el resultado de esta confrontación. La tierra: “querencia” y economía; la mujer: dignidad y familia son los principales de su justicia por propia mano y/o de la venganza que se hereda como patrimonio de padres a hijos.

• La mujer, muy femenina y agraciada, comparte su buen gusto en el vestir con su espíritu de trabajo. Es un culto al hogar y a la familia.

• La familia manabita, unida e íntegra es casi siempre numerosa y reúne, como ninguna otra en el país, a abuelos, cónyuges de sus hijos y a veces hasta comparte la casa familiar con niños de otras familias de escasos recursos.

• Un culto especial por los antepasados que se refleja en sus velorios y apegos profundos a cementerios, que se mediatiza en recuerdos como patrimonios de familia que van trasmitiéndose de generación en generación para mantener la tradición y la identificación familiar.

• Católico en su mayoría comparte su religiosidad con el sincretismo de sus celebraciones festivas como las de San Pedro y San Pablo, las fiestas patronales de recintos, parroquias y cabeceras cantones, los chigualos, etc.

• Se califica como de pensamiento liberal para identificarse con su héroe manabita Eloy Alfaro y así mantiene su carácter de ser libre, insurgente y trabajador como características sociológicas de su propio modo de ser.

La diversidad del manabita es otro poderoso argumento de su identidad regional porque en ella encuentra la razón de su propio modo de ser.

Vinculados poderosamente con su hábitat, recinto, parroquia o cantón por ser la tierra de la “querencia”, de la familia, del nacimiento, del amor y de muerte, el manabita crea su primera identidad: Familia-tierra.

La familia tiene pasado, recursos, apellidos, tierra; la tierra tiene historia. Familia y tierra van generando esa “querencia”, única y especial que se trasluce en mitos, leyendas, historias e identificaciones.

La identidad por lo local es un factor primordial de la diversidad que se estructura en la identidad cantonal. Ese mismo mecanismo de lo local a lo cantonal va a configurar esa identificación profunda y telúrica por su tierra regional, por su provincia, como conciencia compartida, una conciencia de pertenencia a la región provincial, resultado de un largo proceso que se inicia en la prehistoria de América, se condiciona durante la conquista, se refuerza durante la colonia, se vigoriza durante las luchas de la independencia, explosiona durante la República del siglo XIX como revolución alfarista y, es hoy, una “ideología manabita” desarrollada sobre la territorialidad y la etnicidad.

La unidad en la diversidad es fácilmente entendible por los manabitas pero difícilmente comprensible para los no manabitas que argumentan “división o localismos”.

Referente a la identidad local, Manuel Espinoza A. sostiene: "La noción de identidad social sólo tiene sentido e importancia en contextos de diversidad y en situaciones de contraste o confrontación entre grupos diversos. Consecuentemente, la noción de identidad presupone diferencias socioculturales objetivas, remitiendo en primer lugar a éstas, las mismas que existen antes e independientemente que haya o no conciencia sobre ellas. Las especificidades socioculturales objetivas definen la diferencia y conforman el bagaje cultural genuino de un grupo."

De mis experiencias y observaciones a lo largo de varios años recorriendo Manabí, he sacado algunas conclusiones que justifican las diversidades locales siendo al mismo tiempo, fuente y fortaleza del modo de ser y del modo de pensar del habitante provincial. Este arraigo, esta querencia, este modo de pensar, de sentir y de obrar como manabita, a lo largo del tiempo en este espacio geográfico ha ido configurado esta identidad cultural y esta ideología manabita.

En esta urdimbre regional, objetivamente, las características del entorno geográfico influyen para que el manabita tenga su propio modo de ser, producir y sentir:

• Eminentemente localista, identifica su arraigo con la tierra de su heredad de manera tal que, en el interior de su territorio la fortaleza de su identidad es cantonal para diferenciarse de los otros, aunque al salir de la provincia, se enorgullezca e identifique como manabita.

• El manabita de la zona sur continúa manteniendo los rasgos étnicos característicos de sus ascendientes de los pueblos aborígenes quienes “declararon ser hombres libres y no querer cautivarse, y no pagarían tributos aunque les corten el pescuezo, porque el Rey les había dado su libertad.”

Pequeño, delgado, enjuto, ojos rasgados, nariz aguileña, como ningún otro ha debido soportar los engaños de los gobernantes de la República, prolongadas sequías y falta de agua para consumo humano que lo volvieron desconfiado y alentaron las migraciones hacia Guayaquil y la Península.

Sin embargo, identificados profundamente con sus ancestros y herederos de una casta de insurgentes, hizo de la solidaridad una cualidad para sacarle provecho a las inclemencias de la naturaleza y enraizarla profundamente en el alma manabita.

Tiene en el chivo de castilla a su principal proveedor de leche y carne dado que es animal que no requiere de pastos para sobrevivir, se alimenta de raíces y vegetación seca. Su proverbial generosidad la caracteriza con un seco de chivo, el greñoso o sus ceviches con maní o brindar su aromático café pasado, acompañado de tortillas de maíz o yuca.

• El manabita de la zona central, de mediana estatura, piel clara con matices de amarillo, más comunicativo y menos introvertido aprovechó la presencia de sus pocos ríos para explotar la tierra con sembríos de ciclo corto en propiedades pequeñas manteniendo una economía familiar que durante muchos años aportó poco al mercado de consumo.

Dependiente y conservador, este manabita es más religioso debido a la marcada influencia de la Iglesia en sus costumbres y educación. Apegado a la tierra se mantiene en ella a pesar de sequías o inundaciones volviendo a reconstruir sus campos después de cada tragedia. Conversador mitológico tiene en la música y en la guitarra dos poderosas instrumentos de convalidación de su yo personal y grupal. Educado a su manera y ufanándose de su generosidad agarra la gallina más gorda para brindar su característico caldo de gallina criolla pata amarilla, salprieta, plátanos y maduros asados, maní quebrado.

La connotación de tierra y dignidad le configuran una visión muy característica en las relaciones de pertenencia. Las defiende hasta con la vida y no teme en esperar tras la piñuela para cumplir su venganza o practicar un “aquí me quedo” para cumplir la muerte prefijada de sus enemigos.

• El manabita de la zona norte, de mayor estatura que los dos anteriores es más robusto y extrovertido. Se identifica con la vastedad de sus campos donde abunda el agua y el pasto que alientan la ganadería y la agricultura para el gran mercado como las frutas, cacao y plátano.

En su composición étnica han confluido migraciones humanas de diferentes vertientes impregnando rasgos culturales muy propios y definidos. Igual que los otros, aprendió el valor inmanente de la libertad y reprodujo su insurgencia en un 5 de mayo de 1895 proclamando libertad y autonomía bajo la égida de Alfaro. Igual que los manabitas del centro o sur de la región, su generosidad en la comida es proverbial y sus mesas, siempre repletas de carne de res, de chancho, chames, cuajadas, empanadas, bollos, etc.

• Rasgos propios del mulato se encuentran en el manabita de la costa norte, migrador permanente, alegre y trabajador; su actividad económica la comparte entre la agricultura y la pesca. Por naturaleza mantiene sus principios de libertad y autonomía, cualidades demostradas a lo largo de la historia manabita.

Con un concepto claro de su derecho personal y comunitario reclama cantonización y autonomía, proceso que se fue fortaleciendo desde fines del siglo XVI cuando bajo el liderazgo del mulato Juan Mangache fue reconocido como territorio autónomo dentro de la Real Audiencia de Quito. Estos afanes se han actualizado para superar el aislamiento y la desatención de las autoridades gubernamentales. Como todos los manabitas, derrocha generosidad con sus comidas como ceviches, viche, corviche, troliche, cangrejos, camarones o bollos.

Las características propias del manabita de ser libres, insurgentes, trabajadores y generosos, les viene desde sus ancestros.

Otros elementos de la identidad cultural

Compartimos con Durkkheim que, cuando hablamos de “cultura”, debemos entender las “maneras de pensar, de sentir y de obrar” de un pueblo. Y, en el caso de Manabí, la cultura manabita se refleja esta trilogía sociológica que cotidianamente percibimos como resultado de los procesos subjetivos y objetivos de la identificación manabita.

Estas maneras de pensar, de sentir y de obrar que implican los valores, modelos y símbolos culturales de un pueblo incluyen también sus modelos, valores y símbolos así como sus conocimientos, ideas, pensamientos, formas de expresión, sentimiento e incluso las acciones objetivas observables.

En el análisis de la identidad cultural debemos también considerar sus cuatro características que se resumen en:

• La cultura es acción, es una realidad vivida por personas que se interrelacionan mutuamente en un entorno geográfico determinado afectando e influyendo, con su manera de ser, a toda actividad cognitiva o afectiva de la colectividad que allí habita. Este es el caso de la cultura manabita.

• La cultura es la identidad formalizada en un código consuetudinario que se refleja en las costumbres, en las ceremonias, en el conocimiento tecnológico, en el arte, en las creencias que se han ido regulando a lo largo de la historia regional. El modo de cultivar la tierra, la artesanía vernácula, el arte culinario tan característico, las aficiones musicales, el valor de la palabra, la arquitectura de sus viviendas, las festividades patronales, cívicas y religiosas con un alto componente de sincretismo, la venganza transformada en un valor humano, la religiosidad y las creencias populares sustentadas en mitos, leyendas y supercherías. Este el caso de la cultura manabita.

• La cultura es este compartir del modo de pensar, sentir y de obrar entre una pluralidad de personas que se han asentado en 22 cantones, con sus individualidades, pero que comparten esta ideología manabita. Cada gentilicio cantonal sustenta el orgullo de su tierra y la altivez de su derecho. No hay capital provincial que imponga un poder, sino circunscripciones cantonales que insurgen libres y con sus propias visiones de desarrollo y unidad. En este fuerza telúrica de la identidad local se ha fraguado, como un proceso vigoroso, la identificación con el “yo regional”, con la provincia, con Manabí.

• Pero, la característica más dominante de la cultura manabita es esta, la cuarta, concerniente a su modo de adquisición o transmisión. La adquisición de la cultura, dice Guy Rocher “es el resultado de los diversos modos y mecanismos del aprendizaje”. Mientras los rasgos físicos pueden ser compartidos como resultado de la herencia biológica, “los rasgos culturales son un legado que cada persona debe recoger y asimilar”. Otros autores también coinciden en afirmar que la cultura es “todo aquello que un individuo debe aprender para vivir en el seno de una sociedad particular”. Aprendidos y compartidos, los valores culturales de los habitantes de la región han coincidido en la formación de la identidad muy propia, personal, regional o provincial. La cultura manabita es un legado social a través del tiempo.

“Tierra bella cual ninguna, / cual ninguna hospitalaria...”. Versos del pasillo Manabí de Elías Cedeño Jervis, que se han repetido y cantado de padres a hijos con devota unción manabita hasta llamarlo Himno, sintiéndolo honda y profundamente como un rasgo de identidad.

“En una horma de esperanza / y dedos de clavellina / va tejiendo su sombrero / la manabita más linda...”, expresión popular del sentimiento de admiración a la mujer, a la naturaleza, al trabajo, al pasado, al presente y al futuro. O, reseñando el costumbrismo, la denuncia social o la mitología de la época en sus libros como “Un hombre y un río”, “La mula ciega”, “La sed en el puerto”, “Los designios”.

“El artista manabita conserva la tradición de sus raíces culturales. Por eso manifiesta la artesanía en diferentes facetas: elaboración de sombreros en paja toquilla, gamarrillas, sillas, mesas, petates, hamacas, alforjas.”

En el arte culinario, la cocina manabita ratifica su personificación provincial. En otras ciudades, el marketing utilizado enfatiza aquello de “comida manabita”. El viche, corviche, ceviche, troliche, greñoso, bollos, empanadas de plátano, tortillas de maíz o yuca, torta de pescado, menestra de haba tierna, cuajada, la tonga o la característica “sal prieta”, comida distintiva, mezcla de maíz tostado y molido con maní y especierías que, a decir de Universi Zambrano Romero, “es como el gentilicio de los manabas”.

Manabí es una región geopolítica con personalidad propia, diferente a cualquier otra región o provincia del país y en ella habita un grupo humano con virtualidad especial que lo distinguen del resto de ecuatorianos: el manabita, “romántico, soñador y enamorado de su tierra; manabita culto, artista, escritor, maestro o poeta; todo ello, producto de esta simbiosis maravillosa: la fusión hombre-naturaleza, que constituye sin lugar a dudas la identidad indiscutible del hombre manabita” , como categóricamente afirma Darío Moreira Velásquez, un intelectual portovejense a quien le fuera otorgado la Medalla de la UNESCO, lo mismo que al chonero Gonzalo Abad Grijalva, por sus decididas intervenciones para el reconocimiento de Quito como Patrimonio Cultural de la Humanidad.


Asumir la identidad

Rescato el llamado de la ilustre y connotada historiadora Carmen Dueñas de Anhalzer: “Los manabitas debemos vivir nuestra identidad, no mistificarla, sino asumirla con una actitud critica para sentirnos fortalecidos en este proceso de globalización. Tener conciencia de lo que somos y hacia donde vamos. La identidad manabita significa mirar el futuro. Modernizarnos significa vigorizar nuestra identidad, recuperar la estética de nuestra vida y de nuestras viviendas a las que hemos permitido que se rodeen de basura”.

“La identidad es valorizar lo nuestro, estar conscientes de quienes somos y asumir los nuevos compromisos como la de convertirnos en una sociedad civil fuerte que defienda los derechos humanos, que asimile los aportes de la interculturalidad porque la identidad es algo vivo. En Manabí, la identidad manabita es horizontal, un producto de todos los sectores sociales, porque es tan vigorosa y tan eterna.”

Designada “Historiógrafa manabita” por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, sus obras “Marqueses, cacaoteros y vecinos de Portoviejo". Editorial Abya Yala, Ecuador, 1997; y “Soberanía e insurrección en Manabí”, Editorial Abya Yala, FLACSO, Ecuador, 1991, deberían ser de obligada lectura para los manabitas.

3 comentarios:

Cleopatra Delgado dijo...

felicitaciones a quienes realizaron esta información,y es que, todo lo que se describe en este documento es verdad, ya que así somos los manabitas: fuertes guerreros, valientes, pujantes de nuevos horizontes,pero sobre todo siempre sembrando generosidad y amabilidad en cada ser humano, esos valores son nuestra carta de presentación ante el mundo

Leonardo Napa Lucas dijo...

Es tan real como lo que vemos i tocamos yo como manabita creo que esta es nuestra verdadera herencia hospitalario amigable digno de no fallarle a nadie.Me siento orgulloso de ser Manabita

Leonardo Napa Lucas dijo...

Es tan real como lo que vemos i tocamos yo como manabita creo que esta es nuestra verdadera herencia hospitalario amigable digno de no fallarle a nadie.Me siento orgulloso de ser Manabita